Todavía recuerdo esos momentos entrañables en los que mi buen amigo José Manuel daba finalmente su brazo a torcer cuando la infatigable Mª Antonia terminaba por demostrarle que estaba equivocado en algún asunto relacionado con lo laboral: lo que más me fastidia de todo, terminaba diciendo con cierto enojo cómplice, es tener que darte la razón.

Eso mismo me pasa a mí con las reiteradas declaraciones de nuestras autoridades autonómicas en las que definen su política educativa como una apuesta por la pública. Me fastidia tener que darles la razón, porque eso es exactamente lo que están haciendo, apostar por la pública en el sentido más propio de verbo apostar, es decir, el de arriesgar cierta cantidad de dinero en la creencia de que algo, como un juego o una contienda deportiva tendrá tal o cual resultado. Y a fe que están apostando fuerte.

Como muestra, dos ejemplos de los que se ha tenido conocimiento estos días en el contexto del proceso de admisión: el anuncio de la ampliación en centros públicos de Aragón de lo que denominan escolarización anticipada (3 en este curso, 8 en total el próximo) con la que el Departamento de educación pretende captar alumnos de dos años de edad que corrijan la nula demanda de algunos colegios públicos, por supuesto todo gratis, faltaría más; o la extraña maniobra de abrir un colegio en Parque Venecia sin estar construido, con un periodo de carencia en el que sus futuros alumnos serán todos los días tele-transportados hasta el de La Estrella, allá por la Margen Izquierda, en las mismas condiciones de gratuidad. Y es que hay que captar alumnos como sea.

La apuesta por la pública no es algo nuevo, es la línea que han seguido los departamentos de educación de los sucesivos gobiernos del presidente D. Marcelino Iglesias durante 12 años. ¿Qué razón de equidad y no discriminación, por mencionar el ejemplo más sangrante, explica que en todo ese periodo los alumnos de la concertada, por ser de la concertada, no tuvieran derecho a disfrutar de una beca de comedor? Entiendo que la apuesta del gobierno por la pública. Y quien dice las becas de comedor dice los programas de refuerzo; el bilingüismo bueno, el que conllevaba una dotación de profesorado extraordinaria; los programas de formación del profesorado; la subvención lineal de la plaza de comedor independientemente de la renta familiar; o, en general, la proliferación de otros muchos programas que invariablemente llevaban, y siguen llevando hoy en día, el exclusivo sello de “solo para centros públicos”. Sí, ya sé que, de forma excepcional, algunos de nuestros centros han podido disfrutar de alguno de esos programas a modo de “migajas” (Lc 16, 19-31), que en la concertada católica todavía tenemos a gala el conocimiento y aprecio de la cultura bíblica; pero siempre a cambio de nuestra sumisión y sin menoscabo alguno del principio de la apuesta por la pública.

Por eso ya siento tener que dar la razón al PSOE de Aragón por su coherencia. Efectivamente hacen lo que dicen: se están jugando el dinero de todos a una carta, a la suya. Eso significa exactamente la apuesta por la pública. Nada tienen que temer, por tanto, los que simpatizan con esta política educativa, los que se benefician de la misma o los mismos votantes de los partidos en el gobierno y de los que les sostienen, que al resto de la ciudadanía siempre nos quedará el consuelo de creer que, a pesar de que su objetivo último no sea otro que el de neutralizar a la concertada, cuando menos están apostando sobre seguro.

O por lo menos eso creen.

 


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