Discrepo totalmente de las críticas vertidas por los grupos de la oposición contra la iniciativa del Departamento de Educación de enviar una carta postal a los padres de los alumnos de los centros públicos y los sostenidos parcialmente con fondos públicos. Sí, ya sé que las cartas son distintas para unos y para otros, aunque las dos pretendan el mismo objetivo electoralista.
Tampoco se me escapa que las únicas cifras económicas que ofrece el Departamento de cada colegio son las que recibe de la Administración, pero nada refleja de los gastos a los que cada colegio tiene que hacer frente. Y eso que también son cifras oficiales, que les constan fehacientemente, ya que año tras año hemos de presentar las correspondientes justificaciones de gasto aprobadas por el Consejo Escolar.
No se me pasa por alto el detalle de que el capítulo principal es el de las nóminas y seguridad social del profesorado, sabiendo, como sabemos, que ese dinero no pasa por el colegio, sino que directamente es abonado por la Administración a los profesores en lo que se conoce como «pago delegado».
Obviaré también la circunstancia que se está comenzando a presentar tanto en los centros como en la propia inspección de educación, pues como la consejera dice que «en ningún caso el colegio donde estudian sus hijos puede percibir cantidades de las familias», ahora a los padres les surgen dudas de si tienen que pagar el comedor, la atención matinal o el material complementario, y hasta algunos han decidido dejar de pagar los servicios complementarios en el convencimiento de que la DGA abonará todos esos conceptos al Centro.
Podría seguir.
Pero en medio de todo este despropósito me consuela saber que el Departamento de Educación ha iniciado una política de transparencia en la explicación a la ciudadanía de cómo se gasta el dinero público. ¡Por fin vamos a saber cuánto nos cuesta la enseñanza pública! (la asociación de padres FECAPA ya lo ha solicitado oficialmente).
Señores de la oposición, no critiquen tan alegremente la gestión del Gobierno, que la intención es buena. Cierto es que habremos de tener todos un poco de paciencia con ellos por estos primeros balbuceos, al fin y al cabo se trata de un camino hasta ahora inexplorado. Porque si todo esto conduce a un mejor conocimiento de la utilización de los recursos públicos en educación, habrá merecido la pena.
Es cuestión de transparencia
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