Con ocasión de la celebración del Día de la Iglesia Diocesana son varios los obispos que han ofrecido una rueda de prensa para explicar a la opinión pública las actividades que la Iglesia realiza y el resultado económico del último ejercicio (2018). De entre ellos, cabe destacar las explicaciones de los obispos de Huesca, de Tarazona y de Barbastro-Monzón por su proximidad regional y la del de Ávila por el énfasis que pone en la actividad educativa como «el gran grueso» de la actividad de la diócesis.
En la nuestra, la de Zaragoza, también se ha celebrado una rueda de prensa esta misma mañana en la que han comparecido el Ecónomo Diocesano y el Vicario General. No podía ser de otra forma. Pero lo que me ha llamado la atención es que en el folleto preparado para la Diócesis que se ha repartido en las parroquias para dar a conocer en cifras lo que la Iglesia hace haya desaparecido el apartado de la actividad educativa. Y es extraño, cuando menos, porque según la Guía Diocesana de la Pastoral Educativa de la Archidiócesis de Zaragoza editada por la Delegación de Enseñanza hace unos cinco años, el número de colegios católicos llegaba a los 64, de los cuales 11 rurales. ¿De cuantos alumnos, familias, docentes, personal de servicios estamos hablando? ¿De 40.000 alumnos? En el folleto de la de Tarazona el dato es exacto: 4 colegios, 1.148 alumnos, 41 trabajadores y 144 docentes. En la noticia de la Diócesis de Ávila: 12 colegios, 8.000 alumnos y alrededor de 1.000 trabajadores. También han ofrecido datos la de Huesca y la de Barbastro-Monzón ¿Y en la nuestra? No lo sabemos. ¿Cómo interpretar esta omisión? ¿Tal vez se considera en nuestra Diócesis que esta información es irrelevante para dar a conocer a la comunidad cristiana y a la sociedad en general el servicio que la Iglesia presta a la sociedad?
Desde el punto de vista social la actividad educativa de la Iglesia interesa mucho al bien común. Así lo sienten los obispos de la Conferencia Episcopal Española cuando en el año 2007 promulgan un espléndido documento cuyo título define muy bien compromiso de la Iglesia con la educación: La escuela católica. Oferta de la Iglesia en España para la educación en el siglo XXI. Por cierto, ¿que recepción ha tenido este documento entre el clero y entre los propios religiosos?
Pero es que, además, el interés que la Iglesia tiene por la escuela católica no se reduce a su carácter social sino que se extiende por su propia naturaleza a su carácter pastoral y a su misión evangelizadora. Esto y no otra cosa es lo que pone de manifiesto la doctrina conciliar la Declaración Gravissimum educationis sobre la educación cristiana, y bajo su influjo su concreción jurídica en el Código de Derecho Canónico, al definir y regular qué es la escuela católica.
La organización Escuelas Católicas acaba de publicar un documento que lleva por título Escuela evangelizadora. Una propuesta para encarnar el Evangelio en los centros educativos. En nuestros centros, la conciencia de esta dimensión evangelizadora es cada vez mayor. El enfoque y contenido de esta aportación constituye un claro síntoma de hacia dónde queremos orientar nuestros objetivos. Pero, ¿ocurre lo mismo en la conciencia de la comunidad cristiana?, ¿cómo percibe la Diócesis y sus diocesanos en general la relevancia de la actividad educativa de la Iglesia?: ¿como católica o simplemente como concertada? ¿como verdaderamente diocesana o como misión específica y particular de las congregaciones religiosas? ¿como misión eclesial de primer orden y, por tanto, imprescindible para la evangelización o como una actividad más bien tangencial y, por tanto prescindible, para realizar lo que hoy en día es más propio de la Iglesia?
Sin duda alguna las directrices oficiales son inequívocas. Recojo algunos hitos significativos:
- El planteamiento expreso de la cuestión en el Plan Diocesano de Pastoral del año 2000, donde se afirma que «la Iglesia está hoy en la escuela en estado de misión».
- En el Plan Diocesano de Pastoral 2012-2015 donde se propone como objetivo operativo la «preparación y formación de laicos, religiosos y sacerdotes que se dediquen a la acción educativa como una verdadera y propia misión eclesial».
- En el 2015-2020, donde se habla del «refuerzo del compromiso de las instituciones eclesiales con la sociedad civil: educación, sanidad, servicios sociales, educación en el tiempo libre, medios de comunicación…».
- La doctrina del Arzobispo D. Vicente, que habla claramente de la misión evangelizadora de la escuela católica en general y de los colegios diocesanos en particular (XXI Encuentro de Colegios Diocesanos, año 2015).
- Su dedicida defensa de la libertad de elección de centro y de la escuela católica en una nota de prensa con motivo de la crisis provocada por la no renovación del concierto educativo en distintos colegios concertados en 2017.
- La reciente remodelación de la composición del Consejo Diocesano de Pastoral que incluye como novedad la inclusión de una representación de Escuelas Católicas, para que en los diferentes acciones pastorales diocesanas no falte su aportación y compromiso.
Si no somos capaces de transmitir adecuadamente y de educar a la comunidad cristiana en esta misión educativa estaremos desaprovechando uno de los principales activos de la Iglesia de hoy en el cumplimiento de su misión en el mundo. Y lo digo, no como parte interesada, como si por ser el director de un colegio católico necesitara de una publicidad con la que llenar nuestras aulas. Gracias a Dios las familias aprecian nuestro trabajo y nos siguen eligiendo para la confiarnos la educación de sus hijos. No, lo digo como miembro de la Iglesia Diocesana que siente como se minusvalora a la escuela católica en su dimensión pastoral, se insiste una y otra vez en que la Diócesis es la parroquia, no se destinan los recursos humanos y materiales que la tarea requiere, no se comprende la educación como terreno de misión donde los laicos y los religiosos ejercen su protagonismo y, en definitiva, no se reconoce a la escuela católica como verdadero sujeto eclesial. Queda mucho por hacer para que la comunidad cristiana de Zaragoza sienta la escuela católica como propia y le otorgue la prioridad que hoy demandan los signos de los tiempos.
Por eso, simplemente por eso, me parece profundamente injusto y desacertado que se haya omitido en el folleto de la Diócesis de Zaragoza la información sobre la actividad educativa de la Iglesia. Vamos, lo que decía al principio, que «me falta una página»
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